El procedimiento se concretó en una vivienda ubicada sobre calle Río Neuquén. Hasta allí llegaron los efectivos con una orden judicial, luego de una investigación previa que señalaba ese domicilio como un punto clave dentro del conflicto denunciado.
La sospecha inicial era que en ese lugar podía estar el arma utilizada en un episodio violento reciente. Sin embargo, al momento de la requisa, el arma no apareció.
De todas maneras, el trabajo detallado de los uniformados permitió avanzar sobre otros elementos de interés. En distintos sectores de la casa se encontraron municiones de varios calibres, 9 milímetros, 38 y 22, además de un cargador con proyectiles listos para su uso.
También se incautó una vaina servida, un indicio sensible que ahora será analizado para determinar si estuvo vinculada a algún disparo reciente.
En paralelo, se secuestraron dos teléfonos celulares que podrían aportar datos relevantes para la investigación. Estos dispositivos serán sometidos a peritajes con el objetivo de reconstruir comunicaciones, movimientos y posibles vínculos con los hechos que se investigan.
Pero el hallazgo que terminó de ampliar el escenario apareció dentro de una mochila. Allí, el personal encontró más de 313 gramos de marihuana, junto a una balanza de precisión que presentaba restos positivos para cocaína. Este detalle no pasó inadvertido y abrió una nueva línea investigativa.
A partir de ese momento, tomó intervención la División Toxicomanía, que avanzó con los test orientativos y el secuestro de la sustancia. La cantidad hallada y la presencia de una balanza refuerzan la hipótesis de una actividad vinculada al fraccionamiento y comercialización de droga, más allá del consumo personal.